VACACIONES con TDAH. ¿Las sufrimos o las disfrutamos?

¡SOS, acaba el cole y empiezan las vacaciones!

Llega ya la época de las tan deseadas como temidas vacaciones. Deseadas, porque para padres y madres llegan esos días de desconexión y descanso laboral tan esperado durante todo el año. Y temidas, porque supone tener a los hijos en casa las 24 h, pues su periodo vacacional es mucho largo que el de los padres.

A menudo, coordinar ese desajuste se convierte en un quebradero de cabeza en las que las familias hacen encaje de bolillos para cubrir tal diferencia de días y tener a los hijos “colocados”. Cuando no son campamentos, colonias, cursos de verano o casales, se echa mano de los sufridos en incondicionales abuelos (por cierto, otro día hablaré de ellos).

El TDAH no hace vacaciones

En el caso de niños con TDAH, sobre todo si este cursa con problemas de conducta, estas opciones se ven a veces dificultadas. Por eso es aconsejable que, antes de apuntarlo a un sitio u a otro, averigüemos muy bien donde va a pasar esos días, qué actividades va a hacer y, sobre todo, qué conocimiento sobre el TDAH tienen sus responsables.

Debemos ser hábiles buscando actividades que legitimen tanto su movimiento, como la expresión de sus talentos y, si puede ser al aire libre, mucho mejor, aprovechando el buen tiempo. Ha de ser algo que motive al niño. Por ejemplo, cualquier deporte que le guste, música, manualidades, robótica, contacto con animales y naturaleza, etc.

¡Los famosos deberes de vacaciones!

Las vacaciones son un tiempo en el que nuestros hijos, igual que nosotros en nuestros trabajos, necesitan desconectar de su mundo académico. Eso no quiere decir no hacer nada en esos meses, sino no estar sujetos a una dinámica de presión escolar, con asignaturas y horarios convencionales.

Ante todo, hay que ser sensatos y equilibrados. Si no hay más remedio que hacer “deberes de vacaciones”, o estudiar para examinarse después del periodo vacacional, procuraremos alternar los momentos de trabajo y estudio con espacios de descanso, ocio y diversión, y ponerse un horario razonable para hacerlo y cumplirlo de forma disciplinada. Menos es más, así que más vale una hora bien aprovechada que 3 horas frente a tareas académicas que provocarán su cansancio y su hastío, con el lógico rechazo del niño para hacerlo. En ese caso, ponerse a la tarea será una batalla diaria que nos podemos ahorrar. 

Una vez tuve unos padres en mi consulta que, muy convencidos de estar ayudando a su hijo, un adolescente con TDAH, me contaron que le habían matriculado los meses de julio y agosto en una academia de repaso de 1º de Secundaria, pues el muchacho había suspendido 4 asignaturas. Añadieron que, por culpa de eso, ellos se tenían que fastidiar y quedarse sin vacaciones. Creo que no hace falta decir más. ¿Con qué espíritu se enfrentaba ese muchacho a “sus vacaciones”? ¿Y al curso siguiente? ¿Realmente aprovecharía las 6 horas diarias de clases? ¿Qué generaban los padres en su hijo imponiéndole ese curso de verano? ¿Y recriminándole que por “su culpa” se habían quedado sin vacaciones? Cuanto menos, lo que debió sentir ese niño sería rechazo al aprendizaje, resentimiento hacia sus padres, culpabilidad, baja autoestima, impotencia, cansancio…
¡No hagamos del verano una continuación del curso escolar! No renunciemos tampoco a unas vacaciones conjuntas por eso.

Vacaciones juntos ¿cómo planearlas adecuadamente?

Más allá de los dos largos meses y medio de vacaciones escolares que hay en este país, me referiré ahora de las vacaciones “coincidentes” en el tiempo, las que comparte el niño con sus progenitores. Algunos padres lo viven como un castigo divino. Antes de salir de casa, ya están pensando en qué trastadas hará su hijo, y viven amargados anticipando “catástrofes” que quizá nunca ocurrirán. Y, si ocurren, sacarán su vena profética “¿Lo ves? ¡Ya sabía yo que pasaría esto! “. Tomar ciertas cautelas está bien, pero anticiparse a los dramas solo lleva al malhumor, al estrés y a una muy mala predisposición respecto a los días que van a compartir con sus hijos.

Cierto es que a cualquier padre o madre, a la hora de hacer el equipaje, le encantaría poder dejar fuera de la maleta el TDAH del hijo. Como esto aún no es posible, vale la pena tomar algunas precauciones para minimizar al máximo los posibles conflictos. Por ejemplo:

  • Si vamos a hacer un viaje largo en automóvil, nos aseguraremos de llevar agua y algún entretenimiento para el viaje (un juego, un libro, un audio de cuentos o música, o simplemente entablar una conversación que a él le interese). Haremos paradas necesarias para que puedan estirar las piernas y moverse.
  • Según qué tipo de vacaciones se hayan previsto, se puede involucrar al niño en su preparación. Así se le motiva, se le implica y se le ayuda a generar curiosidad y expectativas acerca de algo nuevo (motor principal de un aprendizaje significativo, por cierto). Desde planificar una ruta sobre un mapa, hasta averiguar el entorno y el clima para prever el equipaje necesario. Y con esta ilusión y curiosidad previas, vamos creando complicidades con él.
  • El lugar de destino, según la edad y las características de los hijos, también es algo a tener muy en cuenta a la hora de elegir dónde vamos a pasar unos días en familia; e incluso nos puede ahorrar algún disgustillo. Por ejemplo, no es lo mismo ir a casa de los abuelos, que ir a una casa rural. Por cierto, hay abuelos que les encanta tener a sus nietos en vacaciones, pero si tú sabes que hay posibilidades reales de trifulcas con los primos, planea una semana en esa casa y no un mes y medio, porque vas a acabar peleado con toda la familia, especialmente con ese cuñado que cree que tiene unos hijos perfectos. Tampoco es lo mismo una ruta para visitar varias ciudades en un tiempo récord y hospedándose en hoteles, que estar instalados en un camping en plena naturaleza e ir alternando días descanso con días de excursiones o vistas.

Nuevamente el sentido común y la sensatez es lo que hará ensamblar con éxito las vacaciones de los hijos con los padres.

Calidad del tiempo compartido

Las vacaciones con los hijos ofrecen múltiples oportunidades de compartir momentos de ocio y diversión familiar, lejos de la presión del día al día a la que padres e hijos se ven sometidos  durante el curso escolar.

Si esos momentos que se comparten son de calidad, ayudan enormemente  a  estrechar las relaciones familiares y a reforzar los vínculos afectivos. Y eso es terreno abonado para aprender. ¿Aprender a qué? A crecer, a desarrollarse como persona. En este aspecto, el aprendizaje es mutuo. Aprenden nuestros hijos y aprendemos nosotros.

Ciertamente, hay muchas, muchas oportunidades de aprendizaje que podemos aprovechar con nuestros hijos, si las sabemos detectar. Un  libro, una película, una excursión, un viaje, una visita… ¡Hasta ir a tomar un  helado! Todo, absolutamente todo (incluso un enfado) puede convertirse en una situación de aprendizaje si los padres están “despiertos” para saber detectar y aprovechar las infinitas ocasiones que nos ofrece la convivencia con nuestros hijos en un entorno diferente al habitual.

A fin de cuentas, la educación es un concepto que va mucho más allá de “engullir conocimientos”. Me estoy refiriendo a aspectos de los que, desgraciadamente, adolece nuestro encorsetado sistema educativo: conocimiento de uno mismo, potenciación de algún talento, gestión emocional, generación de la autoconfianza, transmisión de valores, modelos que inculcamos, hábitos de convivencia y de respeto…

Concluyendo

El tiempo pasa muy rápido. Lo que ahora te parece una eternidad, es en realidad un soplo. ¿Qué recuerdo quieres que tengan tus hijos de sus vacaciones junto a ti? Vale la pena esforzarse en aprovecharlas al máximo para compartir tiempo juntos. Pero tiempo de CALIDAD. Tú eliges entre sufrir a tus hijos en las vacaciones o convertir el verano en una oportunidad continua de aprendizaje para ellos y para ti y de fortalecimiento de las relaciones entre todos los miembros de la familia. Así pues, queridos padres y madres… Valor, paciencia y ¡Felices vacaciones!

¿Quieres dar un paso más?

Si quieres profundizar más en el manejo del TDAH, tener más herramientas para sacarle mayor rendimiento al verano y a tus vacaciones en familia, y disfrutar con tus hijos en lugar de sufrirlos, ahora tienes una oportunidad única, asistiendo a este taller presencial de Coaching para padres y madres, el próximo 14 de julio. Lo hemos preparado pensando en ti ¡No dejes pasar esta ocasión!taller vacaciones con niños TDAHMás información e inscripciones aquí.

En este taller aprenderás a:

  • Evitar situaciones de nerviosismo y estrés, gestionando de manera efectiva el tiempo de tus vacaciones y las de tus hijos.
  • Crear tiempo de calidad para compartir en familia, potenciando una excelente comunicación y evitar, así, discusiones y enfados.
  • Encontrar herramientas que estimulen en tus hijos la creatividad, la motivación y la curiosidad para ayudar a su crecimiento emocional potenciando, así, su autonomía y su autoestima.

Y tú, ¿con qué dificultades te sueles encontrar a la hora de planificar el verano? ¿Cómo gestionas el tiempo con tus hijos en cuanto a calidad y cantidad? Estaremos encantados de que nos hagas tus comentarios o preguntas. 

Como profesional, y como madre de dos hijos con TDAH, te deseo lo mejor.

Nos “vemos” en el próximo GUIÑO. guiño de Coaching para TDAH ¡Sed felices!

Elena O’Callaghan Duch


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